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El Dilema Padre-Hija: Incesto y Contra-Incesto de Brenda Bary y Ron Ohlson (Part 2)

El Rol de la Madre


La madre a menudo juega un papel muy activo en este sistema de contra-incesto. Muchas veces la madre se siente tan amenazada como el padre, por la emergente sexualidad de su hija y su atractivo (Friday, 1977). Esto es especialmente cierto si la propia madre es insegura, deja de funcionar sexualmente, o fue criada en un sistema familiar competitivo. Por lo tanto, la madre puede intentar limitar el atractivo sexual de la hija de varias maneras. Puede que impida a su hija arreglarse, etiquetando dichas conductas como vanas, innecesarias o incluso malignas. Puede ser crítica y desaprobar cualquier manifestación de afecto entre padre e hija. Puede que nunca les permita a ellos dos estar a solas, o de una forma competitiva, buscar caricias al mismo tiempo que su hija está intentando conseguirlas de su padre. Por último, la madre también puede convertirse en controladora y restrictiva de las actividades sociales de la hija. Como resultado, la hija podría sentirse rechazada por la madre, debido a su sexualidad y a su atractivo, y puede adoptar muchas decisiones negativas acerca de sí misma y de su rol como mujer.


Algunas mujeres pueden experimentar rechazo por parte del padre, incluso sin su retraimiento, simplemente porque él no dice nada cuando la madre está siendo crítica y controladora en el desarrollo social y sexual de su hija. Al no proteger de una forma activa el derecho de su hija a un crecimiento pleno de su femineidad, la hija puede llegar a la conclusión de que su padre, al igual que su madre, la rechaza como mujer.


La Educación Familiar


Una solución parcial al dilema del contra-incesto es la educación familiar.

Ya que el incesto supone límites que son demasiado laxos y el contra- incesto incluye límites que son demasiado rígidos, la solución requiere hacer conscientes a los padres de los límites apropiados en torno a los temas sexuales. El padre necesita ser alentado para validar la belleza emergente de su hija, su femineidad y su sexualidad, sin invadir los límites o retirarse con demasiada intensidad. El propio padre debe ser claro y dar pistas no verbales a su hija de que es sexual y físicamente atractiva para él y de que él se hace cargo de este comportamiento, por lo tanto, bajo ninguna circunstancia, se volverá sexualmente activo con ella. Además, tiene que comunicar con claridad que él será el encargado de ese proceso para que ella pueda sentirse segura y protegida.


Él lo hará mostrando en todas las áreas que tiene sentimientos, pero que no está dirigido por ellos y que no va a involucrase en formas de actuar impulsivas o que den miedo. Asegurado esto, el padre podrá elogiar a su hija sobre su apariencia, así como su forma de pensar y sentir, sin temor de actuar sobre los impulsos sexuales o la necesidad de retraerse a causa del deseo emergente en su hija de validación sexual. Además, el padre y la madre deben ser abiertamente afectuosos entre ellos, dejando claro tanto a nivel social como psicológico, que la satisfacción, el placer y la expresión sexual forman parte del sistema padre-madre. Por último, la madre debe cuidar tanto de sus necesidades internas de seguridad como de su rivalidad, así puede validar y constatar de forma efectiva el propio crecimiento y desarrollo de su hija.


Otra solución parcial al problema del contra-incesto es animar a ambos progenitores a participar activamente en el cuidado infantil temprano, con conductas tales como cambiar pañales, bañar y alimentar. Se ha demostrado que este cuidado incrementa el vínculo entre padres e hijos y disminuye la incidencia de incesto entre padres e hijas, e incluso entre el padrastro y sus hijas (Parker, 1985). Parece probable que la expansión de los lazos afectivos pueda disminuir la incidencia del contra-incesto también, ya que el vínculo sano podría hacer que los límites saludables sean más fáciles de mantener.

Terapia con las Victimas de Contra-Incesto


Dado que es poco probable que tales atributos familiares ideales estén completamente presentes en un gran porcentaje de familias, será necesario un considerable trabajo reparativo con los niños de estas familias no ideales. Por lo tanto, una razón más para la identificación de este síndrome es ayudar a los terapeutas a aprender a acercarse a sus pacientes de sexo femenino, mientras que estas pacientes negocian la reescenificación de la etapa de desarrollo adolescente durante el tratamiento. Como demasiados terapeutas masculinos han abusado sexualmente de muchas pacientes de sexo femenino, y de este modo o bien se refuerza el daño hecho antes del incesto o bien se genera un nuevo daño parecido al incesto, mucho de los terapeutas masculinos más concienzudos a menudo cometen errores en la misma dirección que los padres con el contra-incesto. En sus esfuerzos por mantener la neutralidad terapéutica y por no estar excesivamente implicados, o resultar excitantes a sus pacientes de sexo femenino, estos terapeutas varones a menudo refuerzan la visión que la mujer tiene de sí misma de no ser deseable o de ser mala sexualmente. Lo que se necesita, en cambio, es una recreación de la situación parental ideal, con el terapeuta masculino sintiéndose suficientemente seguro de su sexualidad, que no se ve amenazado por los temores a una pérdida de control de impulsos; por lo tanto, puede permitirse a sí mismo sentirse atraído por su paciente y ella puede ver su atractivo y deseabilidad reflejada en su mirada de admiración. Una terapeuta mujer puede ayudar a las pacientes de sexo femenino a negociar esta etapa satisfaciendo lo suficiente su propia sexualidad; por lo que puede admirar abiertamente la creciente consciencia sexual de la paciente sin riesgo de despertar celos en sí misma que le causen rechazo a esa sexualidad. A menudo, la situación ideal en esta etapa es que la paciente vea a la vez a un terapeuta varón y a una terapeuta mujer en alguna combinación, para que sienta el permiso de ser sexual por ambas partes de los representantes parentales, tanto de la madre como del padre.


Para concluir, queremos reconocer que este artículo se ha centrado en el contra-incesto padre e hija. De hecho, la evidencia preliminar ha encontrado que la misma dinámica se produce en el sistema madre-hijo. Puede que el contra-incesto madre e hijo sea menos frecuente, quizás debido a una vinculación afectiva temprana más saludable. También puede que sea más sutil o que simplemente no estemos tan sintonizados como para fijarnos. Esperamos que en el futuro, tanto con la observación clínica como por la investigación, se aclaren estos temas.



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